¿Que ojo humano humano podía ignorarlos? ¿no es acaso esa indiferencia vecinal, una de las caras del mal?
Escuché a una vecina decir, no quiero ver esto en mi barrio; sentí una apresurada alegría, ya que yo tampoco quiero imágenes así, y agregó: no soporto estar rodeada por deshechos humanos, el interlocutor asintió. No hubiera necesitado esa cuota de veneno para desbordar de odio. Me quedé parada y le pregunté: ¿no sería mejor asitirlos? recibí un insulto por respuesta. Mis ojos siguieron sus pasos que se dirigian hacia la iglesia. ¿acaso iba a adquirir piedad?
Una horrible y descomponedora sustancia circula por la consciencia moral de esta ciudad, insisto en ésto por la profunda repercusión que tuvo en mí la alusión mezquina de la reliosa señora; comprendí esa deformación asqueante de los que no pueden registrar el crimen que se comete, cuando semejantes viven a la intemperie, esa es para mi una de las caras del mal