miércoles, 26 de octubre de 2011

las caras del mal I

Pensar es un ejercicio mental doloroso y productivo, hay escenas de mi ciudad que impulsan a mi intímo ser social a ésa actividad. Aqui va una ocurrida en la zona de caballito, más precisamente en Avda La Plata y rosario, donde tapados por cartones y trapos una pareja, un niño y un perro, se protegían del frío en las escalinatas de lo que fuera un lujoso restaurante chino. Antes habian revuelto bolsas rescatando objetos que otros habian descartado y ellos consideraban valiosos.
¿Que ojo humano humano podía ignorarlos? ¿no es acaso esa indiferencia vecinal, una de las caras del mal?
Escuché a una vecina decir, no quiero ver esto en mi barrio; sentí una apresurada alegría, ya que yo tampoco quiero imágenes así, y agregó: no soporto estar rodeada por deshechos humanos, el interlocutor asintió.  No hubiera necesitado esa cuota de veneno para desbordar de odio.  Me quedé parada y le pregunté: ¿no sería mejor asitirlos? recibí un insulto por respuesta. Mis ojos siguieron sus pasos que se dirigian hacia la iglesia. ¿acaso iba a adquirir piedad?
Una horrible y descomponedora sustancia circula por la consciencia moral de esta ciudad, insisto en ésto  por la profunda repercusión que tuvo en mí la alusión mezquina de la reliosa señora; comprendí  esa deformación asqueante de los que no pueden registrar el crimen que se comete, cuando semejantes viven a la intemperie, esa es para mi una de las caras del mal 

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